viernes 27 de noviembre de 2009

¡Qué NO!

¿A poco no está genial?




Imagen tomada en la Colonia de los Doctores, México D.F.

"Yo no estoy de acuerdo con nada"

En una junta de negocios reciente, luego de exponer la propuesta que un amigo y yo preparamos, nos quedamos platicando unos minutos con nuestra prospecto, en esas charlas más bien informales con que se cierra una larga junta de negocios. Tocamos el punto de la cultura empresarial, y nuestra futura cliente expresó apasionadamente que no estaba de acuerdo con la cultura empresarial de las grandes transnacionales ni de las grandes empresas locales. Dijo algo así como "no estoy de acuerdo con la forma que tratan a sus clientes, no estoy de acuerdo con la forma que tratan a sus proveedores, no estoy de acuerdo con la forma que tratan a sus empleados..." Cerró diciendo una frase que me hizo desternillarme de la risa: "No estoy de acuerdo con nada!!!".

Si bien la frase parece a priori una absurda negación emitida por la persona más agria, luego de meditarla es gracias a las circunstancias que lleva a emitir frases como esta que la gente busca cambios, mejoras, nuevas ideas y nuevas formas de hacer las cosas. Porque si la persona que me dijo esta frase no está de acuerdo con una situación o situaciones determinadas, sin duda buscará la manera de modificarlas o resolverlas. Implica también que la persona ha observado, analizado y meditado una situación, llegando a la conclusión de que no está de acuerdo. Lo que sigue es actuar para provocar un cambio en el entorno. Si bien este puede ser favorable o desfavorable, un cambio por si solo es bueno.

Esto contrasta con la actitud de otras personas, cuya conformista respuesta siempre parece ser "me da igual". En este caso, no hay observación, análisis, meditación ni aprendizaje. Es esta la actitud que debemos combatir. Prefiero mil veces a quien "no está de acuerdo con nada..."

jueves 26 de noviembre de 2009

¿a 7 o a 8?

Hoy por la tarde pasé casualmente por una panadería. Es maravilloso el olor al pan recién horneado que se desprende estos pintorescos sitios que por desgracia, se encuentran en vías de extinción, depredados principalmente por las panaderías de los supermercados y por el pan industrializado que se vende en las tienditas y tiendas de conveniencia.
Sucumbí a la tentación y me acerqué al mostrador, donde pedí una "concha" que era anunciada a un precio unitario de $7 pesos. Seleccioné una concha de chocolate, y a la hora de pagar noté que la dependiente me había cobrado $8. Le mencioné que en el display el precio marcado eran siete pesos, y su respuesta me encantó: "Las conchas son de ocho pesos, pero si quiere se la cobro a siete". Sin más me extendió una moneda de un peso, misma que yo tomé dignamente.

Reflexiono ahora en lo increíble que me parece que algunas personas buscan hacer sus pequeños "negocios" transando a los demás, engañando y aumentando el precio de artículos en pequeñas cantidades.
No es la primera vez que lo veo, pues en uno de mis trabajos en una cadena de farmacias, era relativamente frecuente encontrar empleados que aumentaban el precio de los fármacos para robarse el diferencial.

Volviendo a la empleada de la panadería, imagino que siendo el aumento del precio tan pequeño, pocos clientes protestan y ella puede darse automáticamente un aumento de sueldo con el beneficio colateral de no pagar impuestos. Es decir, si ella vende 300 panes diarios, y digamos que les aumenta un peso, y solo el 30% de los clientes protesta, entonces ella recibe $200 diarios que representan $4,800 mensuales considerando que trabaja 24 días al mes. Es un aumento significativo sobre los ingresos que una empleada de una panadería recibe. Un rentable acto de "corrupción hormiga"...

sábado 21 de noviembre de 2009

Una noche en Coyoacán





Hace unos días tuve oportunidad de ir a Coyoacán de noche. Hacía mucho tiempo que no visitaba ese maravilloso lugar, principalmente porque al hacerlo unos cuantos meses atrás, me encontré con una zona semidestruída, rodeada de malla de alambre, oscura y tenebrosa.

En esa ocasión fui con mi hija a tomar un trago a la famosa "Guadalupana", que se encontraba deprimentemente vacía, tal vez porque para llegar había que atravesar heroicamente un oscuro parque con el adoquín levantado. Una vez que llegabas al lugar, los meseros mataban el aburrimiento unos jugando dominó, otros echando unos tremendos bostezos de campeonato. Motivados por tan alegre ambiente, nos apresuramos a beber nuestras copas y nos largamos de ahí tan pronto como pudimos.

Así que, para mi reciente visita, no albergaba esperanzas de pasarla mejor. Grande fue mi sorpresa al encontrarme con un Coyoacán vibrante, iluminado, limpio, lleno de gente con un ambiente y espíritu festivo. Lo que más se nota, es la ausencia de los puestos comerciales ambulantes, que hacían imposible la vista y el tráfico peatonal.

Sé que hay quienes extrañan los puestecitos. Sé que para algunos ir a "chacharear" a Coyoacán ha perdido su encanto sin ellos. Pero para mí, así está mucho mejor. Siempre he pensado que los puestos bloquean la vista y la iluminación, generan mucha basura, afean cualquier lugar por hermoso que este sea (sólo hay que ver la maraña de cables que tienden para robarse la luz de los postes) y son una competencia brutal y ventajosa contra el comercio establecido.
Así que, larga vida a un Coyoacán sin vendedores ambulantes.
Les dejo unas fotos.




miércoles 7 de octubre de 2009

Leyendo el pasado

La semana pasada entré a una librería especializada en libros de segunda mano, o para decirlo más a tono con el entorno ecologista, libros reciclados.

Luego de pasear por sus estantes, pregunté a uno de los encargados y me llevó a una sección donde se encuentran los libros de Álvaro de Laiglesia. A este autor español le guardo un especial cariño, porque en mi pubertad leí varios libros de su autoría que mi madre compraba en el supermercado. La lectura de esos libros iba siempre acompañada de sonoras carcajadas del lector. A mi gusto, es uno de los mejores humoristas que dio la Madre Patria. Sus historias cortas eran maravillosas, cargadas de lecciones sin pretender ser obras educativas o aleccionadoras. Sin duda, este autor fue uno de los culpables de mi gusto por la lectura.

Cargado de recuerdos, compré un par de volúmenes, los cuales ya fueron leídos y esperan pacientemente para ser releídos. Uno de estos libros es precisamente alguno que leí cuando tenía 12 o 13 años, y honestamente me ha parecido más divertido ahora.

Los libros de De Laiglesia me traen frescos y abundantes recuerdos de la vida familiar, agradables todos. Recuerdos de esos años en que recién se está dejando de ser niño para incursionar en las aguas de la adolescencia, que desembocarán irremediablemente en las complejidades de la adultez. Volver a leer esas alegres historias me ha vuelto, momentáneamente, a esos días cargados de sonrisas, convivencia fraterna, amigos infantiles. He vuelto a escuchar las carcajadas de mi madre, y la risa de mi padre.

Comentando mi hallazgo con mi hermana mayor, resulta que a ella también le traen agradables recuerdos. Al grado que ya me hizo un encargo de libros…

El viene-viene enamorado

Hace unos días me ocurrió un hecho curioso. Me encontraba en el estacionamiento subterráneo de un centro comercial, a punto de retirarme luego de ver una película. Mientras caminaba, se me acercó un viene-viene al que yo le calculé unos 17 años. Para los que no sepan que es un viene-viene, déjenme decirles que se trata de una de las más pintorescas, socorridas e inútiles "profesiones" de las muchas que conforman nuestra tercermundista constelación laboral. Su trabajo consiste en "echarle aguas" a los conductores que se estacionan -para que no choquen contra los postes- y a los que se desestacionan -para que no choquen con los postes y los otros vehículos. A cambio de tan complicados y elevados servicios, reciben en contraprestación un donativo voluntario que normalmente consiste en un "muchas gracias" y cero pesos. Otras, las menos, reciben generosas dádivas de uno o dos pesos.

Pues bien, decía yo que me encontraba caminando en el estacionamiento cuando un viene-viene de corta edad se me acercó y me obsequió un amable saludo, mismo que correspondí no sin cierta extrañeza, pues no es común que los de su profesión se acerquen a uno para saludarlo. Acto seguido, el amable viene-viene me preguntó si sabía inglés. La pregunta me agarró por sorpresa, y en cuanto cedió mi asombro fue reemplazado por una gran curiosidad. Le respondí que si, y me pidió entonces que le tradujera una canción. Me explicó que se la había mandado su ex-esposa (yo la verdad pensé que el tipo no tenía ni la edad legal para contraer nupcias) al tiempo que sacaba su celular y comenzaba la reproducción del tema. La canción era "The winner takes it all" de ABBA. Traduje según entendí. Me comentó que no sabía si era una canción de despedida o si por el contrario, su ex-mujer le enviaba un mensaje de reconciliación. Después de soplarme la bendita canción yo tampoco lo sabía, ya que en ese aspecto el tema es ambiguo y bien puede tomarse como un "vete al diablo" o un "te extraño, regresa". El viene-viene abundó que tenía un bebé con esta mujer, y que ella estaba embarazada de otro, pero que él estaba dispuesto a aceptar, darle su nombre y hacerse cargo de la crianza del pequeño en gestación.
Le expliqué que la canción era una poco ambigua, pero que el debía luchar por ella si en realidad la amaba.
Me respondió que le había hecho el día, y que estaba feliz como pocas veces lo había estado. Dijo que había renacido en él la esperanza de regresar con su mujer y formar una familia.
Luego de repetirle que luchara por la mujer que amara, procedí a despedirme. No me fui sin que el muchacho me diera antes dos millones de veces las gracias.
Me retiré, y desde entonces ocasionalmente regresa a mi mente el viene-viene enamorado. No sé la clase de ingresos que tenga con esa profesión, pero se necesita dinero constante y cuantioso para mantener una familia. Más si la familia tiene dos hijos pequeños. Ignoro si regresará con su ex-esposa, pero la mirada iluminada al hablar de ella no la he visto en muchos hombres cuando hablan de su mujer. Ojala le vaya bien. Ojala su mujer lo acepte diciendo "viene, viene".

martes 31 de marzo de 2009

Los zapatos rotos y el orgullo intacto












Hace un par de días hice un viaje en el Metro. Procuro siempre prestar atención a los pequeños detalles que matizan un viaje en este medio de transporte tan masivamente utilizado. Esa tarde me encontré a un adusto caballero cuya edad estaría en algún punto entre los sesenta y tantos y los setenta y algo. Iba peinado con el cabello relamido, y llevaba un anticuado traje gris que denotaba muchos ayeres así como un gran desdén por los ires y venires de la moda. Pero lo que en realidad cautivó mi atención y evidenció el verdadero carácter del caballero en cuestión, era el hecho de que su calzado tenía sendas reparaciones con cinta de ducto (esa cinta plástica de color gris, resistente y que se adhiere de manera persistente). Lo más curioso era que la cinta estaba pintada al color del calzado, es decir, se les había aplicado tinta para calzado a ambos para cubrir la rudimentaria reparación.

Alguna vez una amiga me comentó que una conocida de ella decía que el estado del calzado revela el estado económico de quien lo porta. Si bien existen excepciones a toda regla, he podido constatar que es fundamentalmente cierto. La gente con poder adquisitivo tiene más zapatos, de mejor calidad y con mejor mantenimiento de quienes padecen estrecheces. Lo que esta chica no dijo, es que también el calzado puede revelar el carácter.

No me queda duda que el caballero seguramente estará pasando adversidades económicas, y como a todos, no le gusta que se le noten. Entonces aplicó la idea (propia o de un tercero) de reparar su calzado mediante la cinta y la tinta. eso, a mi juicio, revela un carácter orgulloso, combativo y fuerte. Me parecen zapatos de alguien que no se dobla ante la adversidad y que más que una simple reparación, le dice al mundo "si, estoy jodido, pero tengo orgullo y creatividad. No me agacho ante las desventuras y camino de frente, con mis zapatos reparados"

Así sea.
Posted by Picasa

miércoles 11 de marzo de 2009

Graffiti en el Estadio Azteca


Hace unos días se celebró una nueva versión del concurso para pintar la barda interior del Estadio Azteca con festivos y alegóricos graffitis relacionados con el fútbol, diversos espectáculos y hasta eventos religiosos que se han realizado en el colosal recinto.
Las imágenes que aquí muestro han desaparecido ya, cubiertas por las que dejó la nueva edición del concurso. Son, por lo tanto, historia.
Algunos artistas del aerosol muestran una calidad y técnica superlativas, evidenciando bien una educación artística formal, bien un talento natural para las pintas. Otros de plano dan pena, pues lo más que realizan son patéticos dibujos a nivel de tercero de primaria.
Además del fútbol (se han realizado en este estadios los mudiales del '70 y del '86), obvio propósito del inmueble, me llama la atención que en la memoria colectiva se han impreso de modo tan indeleble los conciertos de U2, pero sobre todo las visitas que al Coloso de Santa Úrsula hiciera el finado Juan Pablo II, considerado –aún en vida- santo
por muchos mexicanos. De ahí la enorme camada de escuincles llamados Juan Pablo. Recién escuchaba hace unos días la historia de una pareja estéril que en una de las visitas de Carol Wojtila pidió tener un hijo, y que si el infante llegaba a buen término, sería bautizado con el nombre de Juan Pablo. Promesa que se cumplió.
Desde mi perspectiva son “milagros” muy cuestionables, y conozco otras historias similares que involucran siempre una visita papal, la imposibilidad de tener hijos y la súbita llegada de un retoño. Pues si, el Papa de la “fecundidad” grabó su huella hondo no solo en el subconsciente colectivo mexicano, sino en el registro civil, donde los “juan pablos" tuvieron un crecimiento exponencial durante su papado. Veremos si con Ratzinger sucede lo mismo y el país se llena de

jueves 8 de enero de 2009

Poesía de masa y levadura...

El otro día, en una de esas pananaderías de supermercado que desplazaron y casi han acabado con la tradicional panadería de barrio, con sus olores y sus colores, me encontré con unas piezas de pan que lo menos me parecen poesía hecha de masa y levadura:

La verdad, no pude ocultar una amplia sonrisa al ver las hogazas con forma de cocodrilo que algún imaginativo artesano tuvo a bien efectuar.


Estos panes hasta lástima da comerlos. Mejor los guardamos para una exhibición de pan artístico en el recién inaugurado MUAC.

Puta Dieta IV: El rebote

Antes de leer este post te recomiendo leer Puta Dieta, Puta Dieta II y Puta Dieta III para entender el contexto de lo narrado.
No logré la meta de estar en mi peso (o sea unos 20Kg menos) para mi cumpleaños. Tampoco es que fracasara rotundamente, pero me quedé corto por tres kilos. Bajar diecisiete kilos no es cosa fácil, como comprenderás en cuanto sigas leyendo.

Me vi obligado a suspender, de golpe, el medicamento anorexigénico, es decir, que me quita el hambre. La verdad es que el fármaco me funcionaba bien, inhibiendo mi apetito de una forma efectiva. Solo que tiene un pequeñín efecto secundario que me resultó, digamos, poco conveniente. Produce disfunción eréctil. O sea, que la cosa no se te pone dura. La libido no se ve afectada, así que maldita la cosa, tienes ganas pero no puedes. Llegué a la conclusión de que era el medicamento lo que me estaba ocasionando tan lamentable efecto luego de analizar las causas probables e irlas descartando una a una. Realicé una búsqueda enfocada a descubrir la relación entre la súbita pérdida de potencia sexual y el medicamento, y encontré que estos efectos están documentados: PLM UNAM, Abbott España, IPP. Así que armado con información de fuentes confiables, fui presuroso a reclamarle airadamente a mi doctora (quien es una buena amiga) por haberme recetado tan nefasto medicamento. Luego de un rato, cuando pudo al fin calmar sus carcajadas, la doctora me informó que la falta de turgencia era un efecto conocido del fármaco y que había dos formas de abordar "el problema": una, retirar gradualmente la droga causante, y la otra, antes de la actividad sexual tomar alguno de los fármacos comúnmente prescritos para la disfunción eréctil. Así las cosas, decidí retirar el medicamento para 1) eliminar la causa del penoso problema eréctil, 2) darle un merecido descanso a mi hígado, 3) meter a mi constancia y fuerza de voluntad en la ecuación y, 4) porque si algún día debía eliminar el medicamento, ahora me parece buen momento.

Pues fue uno retirar el medicamento y comenzar a experimentar un apetito voraz que me impulsaba a comer raciones más grandes con frecuencia inaudita. Y para colmo, coincidió con diciembre, cuando es bien sabido que las fiestas, brindis y celebraciones no ayudan a perder peso. Así que comencé, de manera involuntaria, una desmesurada ingesta calórica que me llevó a recuperar unos cinco kilos en lo que llamé "el efecto rebote", mismo que se vio reforzado por el hecho que abandoné mis sesiones diarias de ejercicio. Todo esto me causó gran estrés y molestia no solo al verme al espejo o ver de reojo la báscula digital de mi baño; me bastaba con recordar el gran esfuerzo realizado por meses para ponerme de malas. Ver crecer el bodoque en mi abdomen no me genera ninguna alegría. El rebote sucedió a una velocidad vertiginosa. Si tan solo pudiera bajar de peso a la mitad de la velocidad con que lo subo, me sentiría feliz, inmensamente feliz.

Lo bueno es que a pesar del rebote mis niveles de colesterol y glucosa en ayuno se encuentran dentro de los límites. Bueno, al menos no todo rebotó.

Para no perder todos los beneficios tan penosamente ganados, y a tono con los propósitos de Año Nuevo, me armé de una renovada y natural fuerza de voluntad; esta vez sin ayudas químicas ni efectos secundarios. He retomado el control de lo que como y he reanudado mis sesiones diarias de ejercicio. Ya bajé casi dos kilos de lo rebotado. Resulta un poco más difícil de lo que pensé moderar mis raciones solamente con la fuerza de voluntad, pero creo que ahí voy. Al menos sigo en la batalla.

Y por supuesto, la historia aún no termina...

domingo 4 de enero de 2009

y seguimos blogueando...

Hace poco más de un año que me inicié en este -¿deporte? ¿pasatiempo? ¿vicio?- de la bloggueada. De manera sorpresiva, a veces involuntaria y otras definitivamente provocada por mi, mi vida ha tenido cambios sustanciales en este tiempo. Evidentemente ninguno de ellos ha tenido que ver con escribir o no para el blog, pero revisando mis posts he notado que en ciertos casos reflejan mi estado de ánimo frente a los hechos que ocurrieron en mi existencia. De cualquier manera, escribir ha tenido un efecto positivo, ya que me ha permitido expresarme con absoluta libertad en un entorno virtual. Poder escribir sin cortapisas me ha permitido mantener un equilibrio emocional cuando las cosas no han sido fáciles.
Así que aquí estoy, arrancando un nuevo año, tratando de adaptarme a los múltiples y acelerados cambios de mi vida que tuvieron a bien sucederse en un período breve. Siempre he abrazado el cambio, pero que complicado resulta aceptarlo cuando es inesperado, impredecible y externo. Ni modo, a apretar el paso y asimilar lo inesperado.

Termino deseando a mis escasos pero fieles lectores, que en este Año Nuevo vean realizados sus sueños más allá de sus expectativas. Un abrazo y ¡Salud!

jueves 27 de noviembre de 2008

Prohibido prohibir o los parques públicos en la delegación Coyoacán

Disponiendo repentinamente de algunos minutos, encaminé mis pasos a un pequeño y tercermundista parque que se encuentra cercano a mi casa, a unos cuantos metros, sobre una calle secundaria que desemboca en una avenida principal. Es un parque pequeño, decía, enrejado y cuyas puertas son controladas por oscuros individuos que trabajan en la dirección de parques y jardines de la delegación Coyoacán. Estos torvos sujetos se han adueñado de nuestros parques al grado que establecen reglas, prohibiciones y horarios ("orarios" escriben ellos) según su arbitrario criterio.
Nomás entrar, apareció ante mis ojos el siguiente letrero:
O sea que si vives junto al parque y tienes un perro, no puedes llevarlo porque a un señor se le ocurre que está prohibido. Lo que me llamó la atención es que dos felinos sabedores de sus privilegios descansaban al pié de un árbol, felices de saber que el área estaba libre de cánidos:

De seguro estas dos malévolas creaturas son los instigadores de la prohibición a los Canis familiaris.
Enfrente al primero, me encontré con otro letrero que exhibía los horarios de funcionamiento del miserable parque:

Aquí, aprovechando el espacio del letrero, se anadía otra prohibición: la de entrar con bicicleta. Hasta se ilustra un glifo del vehículo por si acaso quedara alguna duda.
El porqué del horario es un misterio que aún no ha sido resuelto.
Como al encargado de las prohibiciones le sobró pintura, y nuestros austeros gobiernos delegacionales aprovechan los recursos al máximo, tuvo a bien pintar una roca:
Oiga usted, no vaya a ser que de tanto subirse a la roca volcánica se la vayan a gastar antes de que lo hagan la lluvia y el viento...
Ahora que ya entrados en prohibiciones, y como seguía sobrando pintura, pues prohibamos algo más. Así que se le ocurrió la genial idea de pintar un trozo de tronco y una roca con una leyenda que reza: "Prohibido entrar con pelotas". No sé si es un castrado envidioso el que pintó eso, o si se refería a balones de fútbol. Lo que más me impactó es que jugar fútbol o jugar con el balón no está prohibido; lo prohibido es entrar al parque con él. O sea que si lo llevo en la mano, estoy violando la prohibición de cualquier modo. No sé que daño pudiera hacerle al parque que yo entre con un balón en la mano, pero no lo haré porque está doblemente prohibido.
Para lo que ya no alcanzó la pintura fue para prohibir pegar los chicles o goma de mascar en el árbol que la comunidad ha adoptado para tal fin: les presento al original y auténtico árbol de chicle...

finalmente, en el rincón más apartado y escondido del parque, aparecía un profesional letrero indicando que si quiere organizar la fiesta de su niño en ese jardín, tiene que solicitar permiso en el Parque Xicotencatl, cuyo desactualizado teléfono (desde hace años son de 8 dígitos) es el 688 0782....
No me dan ganas de hacer ninguna clase de celebración o evento en un parque así. No vaya a ser que también esté prohibido sonreir y ser felíz.
Ignoro cual es el fundamento legal para que un baboso y frustado jardinero establezca horarios, prohibiciones y condiciones de uso de los jardines públicos, pero les prometo averiguarlo.

Con un ojo al post y otro al alacrán...


Mientras escribía el post anterior, me levanté y vi al pié de la puerta de mi habitación un pequeño alacrán inmóvil. Llegue a pensar que se encontraba muerto, pero por si las dudas fui a buscar un frasco para atraparlo (no soy amigo de matar a los insectos, ya que somos nosotros los que invadimos su hábitat). Mientras iba por el frasco, se movió -si, estaba vivo- y al querer atraparlo se escabulló hábilmente en una pequeña ranura que existe entre el piso y el marco de la puerta.
No me dan miedo los insectos, y de hecho los alacranes ejercen una fascinación en mi, pues me parecen criaturas extrañas, traídas de épocas milenarias, con una evolución congelada. Siempre me han parecido las criaturas de la tierra más parecidas a los "Alien" de las películas.
No obstante todos estos atributos, sigo pendiente del bicho porque una cosa es que me atraigan su evolución y su morfología y otra muy distinta que lo quiera caminando en mi cama mientras duermo. Así que seguiré escribiendo con un ojo al post y otro al alacrán...

Dengo bocos...



Pues resulta que gracias a un resfrío, tengo una gripa que si bien no representa ningún peligro para mi salud, me enfada sentirme mal. Tengo los ojos enrojecidos, los oídos tapados, me escurre un líquido transparente y fluído de la nariz, y esta se encuentra irritada de tanto limpiarla con los numerosos pañuelos desechables que abarrotan los cestos de basura de mi baño, cocina y recámara.
Anoche la pasé muy mal, y me encuentro despierto desde las 4:00 am. No me quise dormir en todo el día para poder, ahora sí, descansar en la noche. Así que ya veremos si mi estrategia funciona.
Debido al leve pero molesto padecimiento, permanecí en casa en calidad de arraigado, saliendo solamente en una ocasión para darle libertad a la pareja que viene a hacer la limpieza (la verdad es que la señora traía una gripa con tos peór que la mía y apliqué la graciosa huída para evitar el intercambio recíproco de cepas virales, o sea, que nos contagiáramos mutuamente).
En el intervalo que estuve fuera de casa visité un parque público que resultó ser una experiencia divertidísima, que merece su propio post.
Volviendo al tema de mis vías respiratorias altas, espero mejorar pronto para poder cumplir cabalmente los compromisos sociales del fin de semana. Ya veremos. Mientras tanto, hago honor a la expresión "como león enjaulado" que usaba mi padre y que luego tuve ocasión de verificar personalmente: felinos que se pasean incesantemente dentro de su jaula alimentando el odio y el rencor contra sus captores. Ese mismo odio y rencor siento contra los malditos virus que han hecho de mis células nasales sus esclavos fabriles y las han puesto a producir más y más virus.
Termino este post aquí antes de meterme en honduras de la bioquímica celular de las cuales no podría salir bien librado. Mientras tanto, me sigo sonando los abundantes fluidos que emanan de mi prominente nariz. ¡Dengo bocos!

lunes 24 de noviembre de 2008

Adiós, Michael

Hace unos días tuvo a bien morirse de cáncer el genial Michael Crichton, autor de diversas novelas como The Andromeda Strain, The 13th Warrior, Jurassic Park, Coma, Twister, Congo, Next, Raising Sun y muchas más. También fue director, actor, ensayista, orador y viajero incansable. Es, sin duda, uno de mis autores consentidos, con un estilo narrativo ágil y fácil de seguir. Sus libros me parecieron siempre equilibrados e inteligentes. Algunos que fueron llevadas al cine fueron igualmente, éxitos cinematográficos sin par.
Algunas de sus obras las he leído y releído hasta el cansancio. No sé cuantos libros habrá dejado inconclusos, pero lamento la pérdida de este genio creativo y el impacto que esta pérdida tendrá en las largas noches de lectura que tanto me gustan.
Descanse en paz.

Les dejo aquí la liga a su sitio oficial. Échenle un vistazo a sus discursos. Son fantásticos.
http://www.michaelcrichton.net/index.html

Overlord.

"Así soy y no voy a cambiar..."

Odio la fracesita, sobre todo cuando va seguida de un nefasto "así que tu sabes...". A lo largo de mi vida la he escuchado en innumerables ocasiones, y siempre ha sido precedida o antecedida por un pleito, a veces laboral, a veces personal. Sucede que me parece de lo más nefasto y mediocre, pues a mi gusto, revela el reconocimiento de conductas y/o actitudes negativas que afectan no solo al que profiere la frase-excusa, sino principalmente a terceros. También indica la aceptación de que no se está dispuesto a hacer el mínimo esfuerzo para cambiar o mejorar a pesar de saber los efectos y consecuencias que generan sus palabras, acciones y actitudes.

Casi siempre, la nefasta frase es emitida en el punto muerto de una discusión que se mueve hacia una lucha de egos donde lo importante no es construir acuerdos y buscar puntos de convergencia, sino ganar la discusión a cualquier costo. ¿Por que será que en una discusión nos cuesta tanto trabajo tomar dos segundos antes de responder? ¿Cuantas veces, al ganar la discusión, perdemos otras cosas mucho más importantes?
Pocas, muy pocas veces, en alguna discusión he escuchado a alguien que diga "tienes razón" y mucho menos "Touché". En vez de ello, he escuchado defender por horas puntos indefendibles desde cualquier ángulo, por el simple hecho de no admitir que se está en un error. Y siempre, siempre, la discusión que pudo terminar en 10 minutos se prolonga hasta la eternidad y en ocasiones con consecuencias terribles.

Si no se quiere reconocer el error por el dolor de admitir una derrota retórica, resultaría mas prudente decir: "dame 10 minutos para meditar lo que me dices y regresamos..." o algo por el estilo, pues sin duda al introducir una pausa se enfrían los ánimos caldeados, resultando más fácil llegar a un acuerdo con la cabeza fría. Pero todo depende, claro está, de si el objetivo de la discusión es llegar a un acuerdo o simplemente discutir a lo tarugo para hacerle ver al otro que uno está en lo correcto y él o ella está equivocado.
Y es que si bien no es fácil cambiar, defender puntos indefendibles por ganar la discusión es, lo menos, absurdo.


Lo peor de todo, es que con todo lo que alucino la expresión, estoy seguro que la he dicho en diversas ocasiones. Mea culpa.

La piratería es un delito...

Hace algún tiempo, un grupo de amigos entablamos una amistosa discusión acerca de la piratería, sus causas, consecuencias y atenuantes. Como sucede en todas las discusiones, pronto se formaron bandos. Había quienes defendían que alguien pueda copiar o adquirir material pirata y habíamos quienes defendíamos la compra de material original como la única válida.

En algún punto de las discusión, uno de los argumentos más interesantes que se comentaron a favor de la piratería fue el siguiente: "Un albañil que trabaja como burro y gana mil pesos a la semana también tiene derecho de ver la película, y jamás le va a alcanzar para comprar la original que cuesta doscientos pesos... por eso está bien que vaya y compre su peli de 20 pesitos..." Este sesudo argumento fue muy fácil de rebatir: "mira, el problema no es que compre una película de 20 pesos, es que se trata de una copia robada. Siguiendo el mismo orden de ideas, ese mismo albañil que se mata trabajando tendría el mismo derecho de manejar una camioneta como la tuya, que vale $35,000USD. Entonces está bien que te roben tu camioneta y se la vendan al albañil en 10 mil pesitos porque él nunca va a tener el dinero para pagar lo que realmente vale..."
Sobra decir que en ese momento, al ver de manera más amplia la dimensión de la piratería, personalizando el daño que produce, la óptica de los defensores de la piratería cambió.

Y es interesante que muchas personas que compran pelis y música pirata, tienen en realidad los recursos para comprar las originales. Uno de los principales argumentos que se usan a favor de los piratas es que los artículos originales son caros. Así es. Pero por otra parte nadie te obliga a comprarlos, y en ningún caso constituyen artículos de primera necesidad.

Recuerdo que hace poco pasaban estos anuncios en el cine antes de comenzar la película:



Todo esto me vino a la mente porque recién leí en la prensa nacional, que una ramificación de los "Zetas" y la "Familia" (soldados desertores que se han incorporado al lado oscuro y que se caracterizan por la violencia y magnitud de sus crímenes así como por carecer de un "código de ética" criminal) se dedica, precisamente, a la piratería y a brindar protección a los productores y revendedores de piratería.

Aquí algunas ligas a artículos al respecto :

http://www.imagendelgolfo.com.mx/columna.php?id=4379

http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/41610.html

http://www.eluniversal.com.mx/nacion/162641.html

Así que invito a los compradores de piratería a reflexionar que cada vez que hacen una compra, en realidad alimentan las finanzas de este grupo criminal. No hay crimen pequeño, en realidad la delincuencia y la ilegalidad forman una red en la que un delito aparentemente menor siempre está ligado con delitos más graves.

Asi, mis amigos que consumen productos pirata, piénsenle antes de pararse a comprar una peli o un CD barato. Estás alimentando las finanzas de los peores asesinos de este país.

Finalmente, les invito a leer este artículo: http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/41617.html

Segunda Edición

Me encantó este cuento de Samuel Ros. A ver que les parece:

Segunda edición

Todos los días le esperaba ella junto a la primera acacia del paseo. Aquella tan estirada y reglamentaria, que era como el sargento en la formación de las acacias.
Este día bajo un ciclo apelotonado de nubes que daba, como nunca, la sensación de que el firmamento estaba sin terminar, como si las nubes fuesen materia para hacer cosas olvidadas, algo así como los sobrantes de la confección del mundo. Pastelina para nuevos paisajes y nuevas estructuras.
Desde hacía tiempo venía él retrasando la hora de la cita: las doce en punto, y las disculpas culminaron hoy en su sabor de disculpas con esta afirmación:
-Me molestan las doce en punto porque es la hora de una sola saeta, es una hora de eclipse, hora mutilada de reloj manco.
Pero ella sabía bien que la verdad era otra porque en los primeros tiempos del noviazgo le había dicho:
-En mi reloj, las doce en punto eres tú. ¿Quién se fija en las saetas cuando la hora es otra cosa?
El destino estaba, pues, amenazado de vuelco, aunque ella cada día reforzaba los flejes y el acolchado del carrito-cuna en que podría simbolizarse su amor... Pero hoy había llegado al límite de la tolerancia y quiso saber la verdad; por eso, ante la última acacia del paseo, la más sincera de la formación por menos vigilada, exigió:
-Hoy no nos separamos sin que me expliques tu conducta... Si te has cansado de mí, ¿por qué me soportas y continúas ligándote a mi presencia?... ¿Te pido yo, acaso, que me des amor, si ya estás desinflado de ese amor?
-No, no estoy desinflado de ese amor -protestó él-; te quiero como el primer día, ¿entiendes?... Pero...
Había surgido el pero, esa conjunción inevitable en los engarces de la conversación, la más peligrosa de todas porque obliga a la continuación, el pero, que es el tope que necesariamente agarra el otro tope de lo no dicho.
-Pero ¿qué?... Eso es lo que me interesa, eso es lo que te exijo.
-Pero... nada.
-¡Nada!..., ¡nada!... Todo puede ser nada menos el pero. ¡Habla!, ahora tienes que hablar porque te has delatado.
Fue inútil la resistencia. Él se debatía en retirada, procuraba atrincherarse en nuevas explicaciones de disculpa, buscó palabras iniciales para otra conversación, pero allí estaba el pero lanzado como un anzuelo que le había cogido y del cual no podía desprenderse como nadie puede escamotear la confesión cuando se ha lanzado la primera palabra que compromete. Hizo un último esfuerzo:
-Pero estoy preocupado por mis negocios.
-Eso es mentira, es mentira. No encajan esas ideas; tu pero correspondía a otra cosa; ¿no ves que en el collar de tus palabras están trast ocadas esas cuentas?... ¿Cómo quieres que te crea cuando pones junto al grano de mayor trascendencia el grano más pequeño de lo insignificante?
Ahora él se sintió disparado hacia la verdad, una verdad recalentada en su pecho, que desbordaba en crueldades y que saltaba sobre todas las falsas disculpas explicando el pero fatídico hasta lo último:
-Pero quiero más a tu hermana... Estoy enamorado del mismo amor, pero con aumento... Tú me curaste la ceguera de "sin cariño" dejándome en miope, pero tu hermana son las gafas bien graduadas que necesito... ¿Me entiendes?
- No.
-Tu hermana es la segunda edición, corregida y aumentada; tu hermana eres tú misma, pero ha conseguido con mayor perfección el tipo de mujer que buscaba mi instinto... Tu hermana tiene tus mismos ojos, pero con dos reflejos y tres pestañas más; su pelo es un punto más negro que el tuyo; sus senos son más conos, su pie calza un número menos, su... ¿Me comprendes ahora?... ¿Crees tú que el lector puede comprar el libro de la primera edición cuando ya ha salido el de la segunda corregido y aumentado?... ¡Qué culpa tengo yo de todo esto!
-Está bien, quedas en libertad -suspiró ella, y después, con más brío-: nunca me han interesado los lectores de segunda edición .... falsos lectores que necesitan el placer en bloque..., los rezagados que buscan lo que otros desfloraron antes..., los que nunca descubren nada.
Después del arrebato él intentó justificarse:
-Perdóname, me has obligado a decir más de lo que siento; quisiera explicarte estas cosas en otra ocasión con más serenidad. Yo soy la primera víctima de esta anormalidad..., confío en que todo será un mal pensamiento pasajero... Tú ya sabes que yo soy lector de primera edición; ¿acaso necesito yo de alguien para leerte a ti?
-¡A mí!... Tú no me has leído nunca a mí; ¿es que en un libro todo es portada?
-Es verdad, no te he leído; pero te pedí el derecho de leerte.
-Y me leerás, aunque no quieras, porque ahora tengo yo empeño en que sepas.
-¿Cuándo?
-Hoy mismo... Espérame esta tarde en tu casa.
-Es una locura.
- ¡Y qué, si lo quiero yo así!
Lo quiso y fue verdad. Se presentó en casa de él en esa hora en que ya empiezan a estar en sazón las bombillas eléctricas, cuando él ya creía inútil la espera, cuando ya las inevitables flores testigo se habían hartado de agua.
Lo primero que hizo ella fue encender todas las luces de la sala, hasta las del segundo piso de la lámpara central, esas bombillas que sólo se encienden en las visitas de cumplido y que suelen romper sus filamentos en un suicidio por venganza. Él la contemplaba atónito, esperaba sus palabras, porque en el diálogo imaginado había comenzado por su respuesta a un: "Aquí me tienes..."
Después la vio desnudarse poco a poco sin un temblor en el desabrochamiento de los botones más rebeldes, sin errar ni uno solo de esos magníficos piojillos que cierran los sostenes por la espalda, sin una petición ni un sonrojo. ¿Qué significaba aquello?... Al fin dijo ella, completamente desnuda bajo la lámpara central, como si recibiese una ducha de luz que empaparía la alfombra.
- ¡Ahora puedes leer!
Pero él no se atrevía a tomar el libro; continuaba atónito contemplándola... Como todos los hombres, antes quería saber las intenciones... Se limitó a murmurar:
-Eres bonita..., espléndidamente bo...
-Pero imperfecta -le atajó ella-; fíjate: tres lunares, una cicatriz, un pecho distinto a otro, brillo en las rodillas, hasta un poco de vello en las piernas... ¿Y el ombligo? ¡Fíjate en el ombligo! Imperfecta como todas las primeras ediciones.
Por último, tras un rato de contemplación muda se vistió ella, y sólo cuando se calzaba los guantes se atrevió a decir:
-Cuando leas la segunda edición, corregida y aumentada, te acordarás de la primera. ¡Qué quieres! Los postizos y los pulidos son peores que las erratas al aire y las imperfecciones descubiertas... ¡Oh, lo perfecto!... Qué cansancio más triste el de lo perfecto...
-Pero yo te quiero -protestó él- te quiero sólo a ti; es preciso que me perdones, porque yo he comprendido tu razón y porque además ya no sabría vivir sin descifrar el jeroglífico de tu cicatriz y sin comparar la fórmula geométrica de tu pecho esfera con la fórmula geométrica de tu pecho cono; yo necesito saber la cantidad de frescura que encierran los oasis de tus lunares, yo aborrezco ya la desolación de desierto que tienen las segundas ediciones y amo ya desesperadamente la magnífica trufa de lo imperfecto... Yo te quiero a ti primera edición.
-AGOTADA.
Y salió ella en busca del buen bibliófilo

miércoles 19 de noviembre de 2008

Up North

Te extraño. Recuerdo esos años maravillosos de tu infancia, de tu risa y toda la alegría que trajiste y traes a mi vida. Recuerdo cada día porque lo tengo atesorado en mi corazón, y por más que el tiempo transcurre, los recuerdos no se borran. Te quiero, más allá de las tontas discusiones y las divergencias que los años nos han traído. Te quiero, aunque pienses que te he abandonado y dejado a tu suerte. Tengo mis propias dificultades y tareas que resolver, pero siempre, siempre, estás en mi mente y en mi corazón. Espero verte pronto, y sé que al verte olvidaremos todas esas rencillas y nos daremos un gran abrazo. Te quiero.

Besos de bar...


¿No te importa besar a alguien que acabas de conocer hace 5 minutos?, le preguntaban sus amigas, un poco escandalizadas por su agilidad para engancharse en fugaces escarceos con extraños (¿o recién conocidos?) auspiciados por el ambiente engañoso de un bar y la niebla que produce el alcohol en la mente.
No, no -respondió ella. Son besos que no significan nada, besos como los que le das a tu perro, besos sin sentimiento ni consecuencias.
Son besos de bar. Además son mis besos los que nos consiguen las cuentas gratis, ¡así que no me salgan ahora con que son unas mojigatas!
Pero yo te he visto darles besos lentos, profundos, suaves, cargados de emociones, besos que te gritan "te quiero". Besos que te enamoran.- le dijo su amiga. ¿No has pensado además que puedes estar besando a alguien casado o en una relación? Podrías meterte en un problema si llega su esposa o su novia. ¡No quiero ni imaginarme el follón que se armaría!
Ella rió. Disfrutaba una nueva etapa en su vida, una libertad no esperada. Probaba suerte con varios pretendientes, y en sus propias palabras "no se iba a cerrar a ninguna posibilidad". Tal vez por las heridas de guerra, recuerdos de bellas relaciones con doloroso final, no estaba dispuesta a amar con ese amor que nos hace vulnerables, débiles y frágiles. Le había gustado su nueva libertad, salir con amigos y amigas, conocer gente, sentirse deseada...
En ocasiones los besos de bar aumentaban el calor y daban lugar a caricias salvajes, a un erotismo aumentado que la excitaba y la hacía sentir viva, vibrar. En estas ocasiones, notaba también, sin duda, la exitación de su improvisado compañero de beso y caricias. Pero procuraba que todo quedara ahí, sin dar pie a un contacto más íntimo, más cercano.
Amaba los besos de bar porque no dejan huella, porque no te pueden lastimar y porque jamás vería de nuevo a ninguno de los hombres a quienes había besado, haciendo de cada uno de ellos una historia de amor perfecta.
Y mientras se dirigía al bar con sus amigas, sonrió.

Cuando lo que callas grita

Intento callar lo que pienso y sin embargo las palabras gritan.

Este es un blog chilango, cargado de mexicanismos y términos que pueden ser complicados para aquellos que no dominan la idiosincrasia mexicana en general, y la chilanga en particular.
De repente te puedes encontrar algo en inglés o en italiano. No es pretensión. Es simplemente escribir las cosas como llegan.

Perdón si en ocasiones es denso e inexpugnable o si en otras es ligero e intrascendente. Pero es lo que hay, ni más ni menos. Gracias por leerme, y mucho mejor si dejas un comentario.

Overlord

Overlord
"Shhhhhhhhsh" de John Pring

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