sábado, 21 de noviembre de 2009

Una noche en Coyoacán





Hace unos días tuve oportunidad de ir a Coyoacán de noche. Hacía mucho tiempo que no visitaba ese maravilloso lugar, principalmente porque al hacerlo unos cuantos meses atrás, me encontré con una zona semidestruída, rodeada de malla de alambre, oscura y tenebrosa.

En esa ocasión fui con mi hija a tomar un trago a la famosa "Guadalupana", que se encontraba deprimentemente vacía, tal vez porque para llegar había que atravesar heroicamente un oscuro parque con el adoquín levantado. Una vez que llegabas al lugar, los meseros mataban el aburrimiento unos jugando dominó, otros echando unos tremendos bostezos de campeonato. Motivados por tan alegre ambiente, nos apresuramos a beber nuestras copas y nos largamos de ahí tan pronto como pudimos.

Así que, para mi reciente visita, no albergaba esperanzas de pasarla mejor. Grande fue mi sorpresa al encontrarme con un Coyoacán vibrante, iluminado, limpio, lleno de gente con un ambiente y espíritu festivo. Lo que más se nota, es la ausencia de los puestos comerciales ambulantes, que hacían imposible la vista y el tráfico peatonal.

Sé que hay quienes extrañan los puestecitos. Sé que para algunos ir a "chacharear" a Coyoacán ha perdido su encanto sin ellos. Pero para mí, así está mucho mejor. Siempre he pensado que los puestos bloquean la vista y la iluminación, generan mucha basura, afean cualquier lugar por hermoso que este sea (sólo hay que ver la maraña de cables que tienden para robarse la luz de los postes) y son una competencia brutal y ventajosa contra el comercio establecido.
Así que, larga vida a un Coyoacán sin vendedores ambulantes.
Les dejo unas fotos.




1 comentario:

kapellmann dijo...

Soy vecino del Centro Histórico de Coyoacán y participé en la discusión con autoridades y ambulantes para reclamar nuestro (de todos) espacio público libre de ambulantes y la contaminación, inseguridad y desorden que provocan. Nos sirve que los visitntes como tu externen esta opinión.
Bienvenidos y gracias